
Ana Montes 06 de noviembre de 2019

Cine de denuncia
El nuevo documental ‘The price of Progress’ denuncia cómo las grandes corporaciones mueven los hilos en el sector alimentario primando sus intereses económicos sobre la salud del consumidor.

ivimos en un mundo donde la industria agroalimentaria no quiere ningún tipo de regulación. Solo le interesa vender sus productos a un precio razonable. Y la salud pública no es la prioridad, ni de la industria ni de las agencias alimentarias como la EFSA, en Europa, o la FDA, en EEUU.
De esta premisa parte el documental The price of progress (El precio del progreso), que se exhibe este fin de semana en Madrid en la V edición del Another Way Film Festival, en su ciclo de cine para el progreso sostenible.
El film plantea que los ciudadanos debemos reaccionar: debemos exigir transparencia frente a la acción de los lobbies, puesto que estos hacen todo lo posible por presionar y retrasar regulaciones que podrían protegernos de muchos de los tóxicos presentes en los alimentos.
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La agroindustria es acusada de ganar dinero uniformando cultivos para importarlos y exportarlos a través de grandes corporaciones. No produce solo comida para alimentar a la gente, sino para otros usos: textiles, alimentación animal, fibras, combustibles…
Además, la agricultura moderna ahora está en manos de esas grandes corporaciones, que disponen de información privilegiada sobre los cultivos gracias al uso de satélites. Eso les da un enorme poder sobre todo el sector alimentario.
Tratar la comida como una mercancía global y venderla al mejor postor solo plantea problemas. Por eso defienden en The price of progress, del director Víctor Luengo, que “la comida debe ser solo comida”.
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Las compañías de semillas de OMGs (organismos genéticamente modificados) forman parte de la agricultura industrial tecnificada basada en monocultivos, y no han logrado acabar con el hambre tal como prometían. Sí han adquirido un mayor poder de mercado introduciendo sus semillas, por ejemplo Bayer-Monsanto, Basf, Dupont…
La motivación real de la modificación genética de semillas es el mercado de patentes y ganar dinero con ellas y con los pesticidas que las complementan, porque solo las pueden vender ellos. No hay ya motivos, se lamentan en The price of progress, para creer que los nuevos cultivos de OMG vayan a ser mejores que los anteriores, ni siquiera con edición genética.
“La respuesta al futuro de la agricultura no está en la tecnología, ni en la ingeniería genética ni en la nanotecnología. La respuesta está en cultivar de la forma más ecológica y natural”, explica en el documental Angelika Hilbeck. Esta investigadora ambiental es la presidenta de la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER) y está especializada en organismos OMG, genéticamente modificados.
Mientras la industria agrícola quiere previsibilidad para enfrentarse a los retos de 2050 creando nuevas variedades a través de la edición genética, “hoy la clave para la supervivencia es la plasticidad, la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios medioambientales”. Porque el ADN, señala, no es el único componente de la vida: hay más.
Según aporta el epidemiólogo español Miguel Porta, muchos de los alimentos que comemos son una causa muy importante de nuestros problemas de salud. Son disruptores endocrinos, tóxicos, proinflamatorios y algunos, cancerígenos.
“Las enfermedades crónicas están aumentando debido al medio ambiente y no a cambios genéticos”, explica el biólogo francés Gilles-Éric Séralini que en 2012 publicó un estudio sobre la toxicidad del RoundUp, republicado en 2014 tras ser revisado por pares confirmando sus daños. Y todo ello se debe a “los venenos crónicos que hay en el medio ambiente, diseñados para ser fumigados por todas partes, como los pesticidas”.
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Un caso popular es el del RoundUp y uno de sus componentes, el glifosato. Pero en “Los papeles de Monsanto” desvelados en 2017 se descubrió que también había arsénico y residuos del petróleo que no habían sido declarados en el RoundUp, acusado de provocar cáncer. Y es que el agricultor es quien decide qué tóxico declara y, de todos, en el RoundUp el glifosato es el menos dañino.
“El glifosato es un caso de puro fraude calculado a lo largo de los años manipulando a políticos y periodistas”, se afirma, ya que la IARC (la Agencia de Investigación del Cáncer, de la OMS) lo declaró en 2014 como posiblemente cancerígeno.
“Muchas de las sustancias empleadas en nuestra rutina no pasan los controles de toxicidad para la reproducción, el sistema hormonal o su cancerogenidad”, explica Porta. Se refiere a compuestos derivados del petróleo, que son tóxicos para el hígado y los riñones, y cancerígenos a medio y largo plazo.
Algunos de estos compuestos se acumulan en el cuerpo y están relacionados con enfermedades hormonales, neurodegenerativas, autoinmunes y del sistema nervioso central. Esto ocurre en un tiempo largo, superior a diez años, comenta en el documental Gilles-Éric Séralini.
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No es verdad que ahora los herbicidas sean más eficaces frente a las plagas. No son eficaces ante nada nuevo, aseguran en la cinta. El glifosato, el Dicamba, el 2,4D o la atracina son químicos antiguos. Pero las corporaciones transnacionales son más influyentes que antes y la cantidad de personas que trabajan en lobbies es enorme.
Las agencias de comunicación de las empresas y las agencias reguladoras, como la EFSA, (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, por sus siglas en inglés) que en 2018 demostró tener el 40% de sus expertos con conflictos de interés, tienen los mismos científicos promocionando sus productos. “Por eso todos emiten el mismo mensaje”, puntualiza el documental.

Mención Especial de la Espiga Verde de Seminci
25/10/2019.- El jurado de la Espiga Verde compuesto por David Baute, Eva González, Gerardo Olivares, Elvira Cámara, Cristina Castro y José María Castro y José María Enríquez ha decidido otorgar el premio Espiga Verde a la película Honeyland, de Ljubo Stefanov y Tamara Kotevska «por su tratamiento del frágil equilibrio entre el ritmo de vida natural y las demandas productivas, mostrando el contraste entre unos modos de vida u otros casos menos cuidadosos con el entorno».
The Price of Progress

The Price of Progress ha obtenido una mención especial por su completa visión de la problemática alimentaria y sus impactos negativos sobre la salud
El mismo jurado han acordado conceder una mención especial a la película The Price of Progress, de Víctor Luengo, «por su completa visión de la problemática alimentaria y sus impactos negativos sobre la salud humana y medioambiental, así como por su tratamiento de las trabas organizativas y manejos discursivos que impiden poder realizar un cambio en el modelo productivo agroalimentario europeo», según ha señalado el jurado.
The Price of Progress explora la red de intrigas, emociones, miedos, presiones políticas y argumentos de algunos de los principales portavoces de las corporaciones alimentarias con base en Europa, lobistas, políticos, científicos de referencia, expertos y periodistas de investigación del sector.
Ambas películas se han proyectado en las Jornadas de Cine y Cambio Climático de la 64 Semana Internacional de Cine de Valladolid, que se celebraron los días 24 y 25 y octubre.


The 23th October I was invited to meet Amanda Prieto and Julio Valverde for a small interview in their Radio program “Solamente una vez“. You can listen the interview here since the minute 15. I have to say a huge thanks to them for helping the project.

El 23 de octubre me invitaron a Radio Nacional para una pequeña entrevista con Amanda Prieto y Julio Valverde en el programa Solamente una vez. Gracias enormemente por su labor diaria y ayuda con el proyecto. Podéis escucharla aquí a partir del minuto 15.


Como ya sabéis, un año más El Palomitrón participa en el festival de cine Another Way 2019, donde se busca despertar conciencia sobre nuestro amenazado entorno a través de películas, documentales y otras actividades. Uno de los platos fuertes de este festival es el documental que ahora nos ocupa: The Price of Progress, cuyo director, productor y director de fotografía es el zaragozano Víctor Luengo. En esta obra reflexiona y vuelve a iniciar el debate sobre el modelo de producción alimentaria actual y sus perspectivas de sostenibilidad para dar de comer a futuras generaciones. Laboratorios, grandes empresas dedicadas al sector alimenticio, lobbys, políticos y periodistas, entre otros, aportan sus dispares visiones a un problema en el que nos jugamos mucho todos y cada uno de nosotros.
“Somos una sociedad acostumbrada a vivir en la incertidumbre. Vivimos tiempos de post-verdad e hiperrealidad donde lo real a veces parece un menú de autoservicio donde cada cual escoge la opción que más le guste. Esto es legítimo y respetable en ciertos temas, pero cuando se trata de planificar la vida de millones de personas dejarse llevar por criterios ambiguos y publicitarios puede ser muy peligroso. Mucho más cuando estamos hablando de la alimentación y salud de la gente”. Así de contundente es el mensaje con el que Víctor Luengo presenta su documental The Price of Progress. Esas ganas de dejar las cosas bien claras continúan a lo largo del metraje en boca de los múltiples entrevistados. El debate general gira en torno a la actuación de la EFSA (La Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos vigente desde el año 2002) y su regulación a nivel comunitario.
Una regulación que puede resultar escasa o excesiva, con información demasiado opaca o demasiado abierta, dependiendo a quien le preguntes. Y ese es curiosamente el principal aspecto del que se anima a reflexionar. Los intereses económicos de ciertas empresas, la presión que ejercen las mismas sobre autoridades europeas sin importar la salud de la población y, por otra parte, el posible coste de oportunidad que una estricta regulación, en comparación a otros países, puede suponer en el ámbito comunitario. Sobre esto y otros temas relacionados versa el interesante documental de Luengo. Se podrá ver el último día del Another Way Film Festival, el domingo 27 de octubre a las 18:00 horas, en la Cineteca de Madrid.

Además de Víctor Luengo, el equipo de The Price of Progress está formado por cuatro profesionales más. Pablo de la Chica (viejo conocido del festival, donde en 2018 estuvo en el palmarés con Why are we here?) es, junto con Luengo, el productor del documental; Virginia Díaz es la encargada de la grabación de sonido y de la tarea de coordinación de postproducción; Roberto HG, al mando de la edición y mezcla de sonido y, por último, Carlos Agulló Coloma, el editor del documental.
Descubrir o profundizar en una realidad que nos afecta a todos (¡son los alimentos que nos comemos cada día!) y de la que se habla y se reflexiona muy poco.

Los primeros minutos del documental están montados y tratados con maestría, estableciendo la situación de partida y orientando al espectador sin tratarle con condescendencia.
Te interesa (y debería interesarte) la situación actual del planeta y, sobre todo, el modelo de producción alimentaria vigente y todos sus actores y factores implicados.
Víctor Vargas









